"Gretel contra Hansel"
Como sabemos, han sido abandonados en el bosque por su padre.
CAPITULO UNO
Gretel y Hansel caminan solos por el bosque, el sol ya quiere irse a dormir.
-¡Nene! ¡Te dije que no te comieras todas las migas!- lo reta su hermana mayor.
-¡Es que sólo pude agarrar un pedazo de la torta que sobró ayer de mi cumpleaños! Papá nos hizo caminar tanto, que me dio hambre y me la fui comiendo, ¡Estaba riquísima!...- explica Hansel.
-Ya sé que estaba rica, ¡Si es torta te la hice yo!; sabés que a nuestra madre no le gusta cocinar.
Con trece años, Gretel es una excelente cocinera y lo sabe; más de una vez le ha preparado el almuerzo, y la cena, a su hermano menor.
-Gretel...
-¡Y ahora qué te pasa!...- pregunta la niña sin dejar de caminar por ese sendero desconocido, donde las sombras ya quieren comenzar a trabajar.
Hansel duda, pero finalmente lo dice:
-... ¿Porqué nunca me querés hacer milanesas con papas fritas?
Gretel mira hacia las copas de los árboles como buscando paciencia, y acelerando un poco el paso:
-¡Estamos perdidos en un bosque, en una hora ya no habrá más luz, nuestro padre no aparece por ningún lado...¿Y vos me hablás de milanesas con papas fritas?
-¡Es que esas miguitas no me alcanzaron para nada! ¡Me muero de hambre!
-Primero, que no es verdad que nunca te hago papas fritas, si fuera por vos comerías todos los días lo mismo. Segundo, que es por tu bien, porque si no comés balanceado, a mi edad vas a convertirte en un gordito fofo, y te va a dar vergüenza hablarles a las doncellas.
Y tercero, hace varios meses que por casa no aparece un trozo de carne como para hacer ni milanesa ni nada; y de papas, sólo las que ni usan para los cerdos de la nobleza ¿O porqué te creés que nuestro padre nos dejó solos acá?
-¡Eso es mentira! seguro que él nos está buscando- grita Hansel como para convencerse...
(página uno de "Gretel contra Hansel", unos de los cuentos del proyecto sobre clásicos al estilo de "Caperucita Verde y otros clásicos recargados")
Mr. Hamelin. (del libro Caperucita Verde y otros clásicos recargados)
La Ciudad Laboratorio estaba infestada de esas ratas.
-Ciudad infestada- decían los Científicos, a los que les había fallado el experimento.
-Ciudad liberada- decían las ratas.
Dos años atrás, toda la Ciudad Laboratorio se había dedicado a una sola investigación, a un solo experimento, producir una píldora que eliminara la tristeza.
-Es el mal de la época, una gran oportunidad de negocios- decían los de Marketing.
-La depresión y la tristeza debe se tratada como una enfermedad- decían los Doctores.
-Podemos inventar la hormona sintética exacta que quite la depresión como si quitara los hongos de los pies- decían los Científicos - sólo tienen que darnos mucho dinero para comprarnos cientos y cientos de ratas blancas de laboratorio.
-¡Cientos y cientos de ratas!- exclamaban los Dueños de la Ciudad Laboratorio- ¿y para qué quieren que les demos tanto dinero para comprar tantas ratas?
-Señores, las necesitamos para la Fase Uno- los Científicos les explicaban con mucha paciencia, después de todo, los dueños de la ciudad eran los que les pagaban el sueldo
-Es que vamos a empezar a suministrarle a las ratas nuestro medicamento experimental, a esa etapa de la investigación se le llama Fase Uno, sirve para estudiar si el medicamento está aplicado en las dosis correctas, y por si se producen efectos colaterales indeseados.
-Entendemos- decían los Dueños – creyendo que iban entendiendo.
-Es para que vayan muriendo sólo ratas en el experimento, y no personas, cuyos parientes después podrían hacernos juicio- decían los Abogados.
-¡Exacto!- decían los Científicos con tal que les dieran el dinero, comprarse las ratas, y probar su píldora experimental.
-¡La Ciencia avanza a pasos agigantados!- decía la Radio- ¡ahora existe la píldora contra la tristeza!-
-Contra la depresión- corregían los doctores de saco y corbata que salen hablando por la televisió.; y volvían a explicar todo eso de la Fase Uno y los posibles efectos colaterales.
Pero algo falló; mejor dicho, todo falló.
A.S
(del libro "Caperucita Verde y otros Clásicos Recargados", de Ed. Norma Kapelusz para su sello Siete Vacas, autor Andrés Sobico)
Mr. Hamelin
La Ciudad Laboratorio estaba infestada de esas ratas.
-Ciudad infestada- decían los Científicos, a los que les había fallado el experimento.
-Ciudad liberada- decían las ratas.
Dos años atrás, toda la Ciudad Laboratorio se había dedicado a una sola investigación, a un solo experimento, producir una píldora que eliminara la tristeza.
-Es el mal de la época, una gran oportunidad de negocios- decían los de Marketing.
-La depresión y la tristeza debe se tratada como una enfermedad- decían los Doctores.
-Podemos inventar la hormona sintética exacta que quite la depresión como si quitara los hongos de los pies- decían los Científicos - sólo tienen que darnos mucho dinero para comprarnos cientos y cientos de ratas blancas de laboratorio.
-¡Cientos y cientos de ratas!- exclamaban los Dueños de la Ciudad Laboratorio- ¿y para qué quieren que les demos tanto dinero para comprar tantas ratas?
-Señores, las necesitamos para la Fase Uno- los Científicos les explicaban con mucha paciencia, después de todo, los dueños de la ciudad eran los que les pagaban el sueldo
-Es que vamos a empezar a suministrarle a las ratas nuestro medicamento experimental, a esa etapa de la investigación se le llama Fase Uno, sirve para estudiar si el medicamento está aplicado en las dosis correctas, y por si se producen efectos colaterales indeseados.
-Entendemos- decían los Dueños – creyendo que iban entendiendo.
-Es para que vayan muriendo sólo ratas en el experimento, y no personas, cuyos parientes después podrían hacernos juicio- decían los Abogados.
-¡Exacto!- decían los Científicos con tal que les dieran el dinero, comprarse las ratas, y probar su píldora experimental.
-¡La Ciencia avanza a pasos agigantados!- decía la Radio- ¡ahora existe la píldora contra la tristeza!-
-Contra la depresión- corregían los doctores de saco y corbata que salen hablando por la televisió.; y volvían a explicar todo eso de la Fase Uno y los posibles efectos colaterales.
Pero algo falló; mejor dicho, todo falló.
En la primera etapa murieron como 90 ratas, pero eso era lo esperado, para eso tenían tantas ratas con las que probar.
Lo que falló fue que el remedio produjo una anomalía cerebral, un pequeño tumor intracraneal, cuyo efecto colateral impensado fue que las ratas comenzaron a pensar, y a tener conciencia de sí mismas.
(..)
Andrés Sobico
(Pág. Uno del cuento Mr. Hamelin, del libro "Caperucita Verde y otros clásicos recargados", ed. Norma-Kapelusz sello Siete Vacas
Caperucita Verde
-¡Hija! ven aquí a la cocina, debes llevarle esto a mamá.
-¡Cómo “mamá”...! será tú mamá, porque mi mamá no es, es mi...
-¡...Tú abuelita!¡Sí, es tu abuelita! como siempre, tenés razón (bufando) ¡Es mi mamá y tú abuelita!
-¿Tengo que ir ahora? estoy leyendo una nota muy interesante sobre el desempetrolamiento industrial de pingüinos...
-¡Sí! tenés que ir ahora mismo porque si no se enfría la tortilla de papas que le hice.
-¡No habrás hecho tu tortilla especial de papa supercondimentada! ¿No? Sabés que el colesterol de abuelita está por las nubes; y seguro que la hiciste con unas papas cualquiera, ya te había dicho que esas papas son la demostración de que la globalización a la que estamos sometidos sólo produce monocultivos: nuestros pueblos originarios cosechaban cientos de especies de papa, ¿Por qué no compraste esas papitas azules y hermosas que vimos el otro día en el mercado?
(La madre mira el techo de la cocina y cuenta mentalmente hasta cinco)
-...Porque pesan la mitad y cuestan el triple...
Caperucita verde se dio cuenta que el horno no estaba para bollos (ni para tortillas), así que se puso su caperuza especial, que la protegía de la lluvia ácida, y se dispuso a salir con su pequeña bolsa térmica en la mano.
-¡No vayas por el camino del bosque, que es peligroso!...
-¡Mamá! “camino del bosque” sería en tu época, antes de que instalaran las papeleras, ahora del bosque sólo quedan un ombú y tres sauces llorones...
Andrés Sobico
(Página uno del cuento Caperucita verde , del libro "Caperucita Verde y otros Clásicos Recargados", editorial Norma-Kapelusz, para su sello Siete Vacas.)
Patita Fea
-Hija mía, es que tus compañeritos no saben mentir- su madre sabía que a los chicos hay que decirles siempre la verdad, y especialmente a Patita, que vivía en una casa donde todas sus hermanas eran tan lindas. Muchas veces la madre de Patita se descubría a sí misma pensando "Que hermosa familia tengo, qué gallardo y pulcro marido, y yo, que esbelta y elegante figura poseo; al igual que todas mis hijas menos una..."; pero ese elevado y repetido pensamiento esta vez fue interrumpido por Patita:
-Mamá- dijo angustiada Patita-: ¿Puedo llorar?
-No lo hagas hija, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio- le dijo aplicando toda su maternal sabiduría.
Andrés Sobico
(página uno del cuento "Patita Fea" del libro "Caperucita Roja y otros clásicos recargados", sello Siete vacas, Ed, Norma -Kapelusz)
Mister Hamelin
Ratas. Cientos de ratas, todas albinas, blancas; de ojos rojos y largas colas rosadas.
“Ciudad infestada” decían los científicos, a los que les había fallado el experimento.
“Ciudad liberada” decían las ratas.
Dos años atrás, toda
Andrés Sobico
(Página uno del cuento Mr. Hamelin del libro “Caperucita Verde y otros Clásicos Recargados”, sello Siete Vacas, ed Norma kapelusz)