La niebla en los espejos

Una mujer se encontró caminado en la penumbra, sus pies la llevaban a ningún lugar. Hace un instante era un día soleado y ahora ella vaga en una nube, ¿Pero en una nube de qué? ¿De niebla?¿De humo? ¿De polvo?...
De la nube se materializa un hombre agitado, que viene corriendo en sentido contrario y le hace una pregunta sin sentido:
Le pregunta por ella, la nombra y le pregunta por ella misma.
Perpleja, tarda unos segundos en comenzar a responder tan extraña pregunta, pero el hombre no le da tiempo y se interna rápidamente en la niebla, continuando con su búsqueda.

Ahora la mujer está en su casa. Frente a su espejo comprende el porqué de la pregunta de aquel hombre, no la había reconocido porque una capa de polvo gris le oculta los rasgos; comienza a lavarse la cara, el polvo hecho barro se va yendo por la cañería y ella va recuperando su rostro, se lo seca, se peina y vuelve a mirarse al espejo. Entonces se da cuenta que, ya con su cara limpia, sigue sin reconocerse, como aquel hombre que le hizo la extraña pregunta.
¿Alguna vez volverá a reconocerse en los espejos?

Esa noche, y muchas otras, soñó lo mismo; que ella y ochenta y cinco fantasmas vagan por la niebla. Siempre se despierta sobresaltada y la ataca la fulminante alegría de seguir viva.
Los fantasmas sólo existen en territorios irreales, en países irreales; por eso mismo ella sabe que esa niebla de su pesadilla, que ese polvo de la asesina demolición, sólo se posará sobre un país real, un país verdadero, con leyes, jueces y justicia.
Entonces será cuando esos ochenta y cinco fantasmas, que en su pesadilla deambulan hacia ningún lugar, encontrarán el camino para poder convertirse en ochenta y cinco almas que descansen en paz.


Andrés Sobico

(Proyecto de libro álbum con la ilustradora Sandra Grinberg, quizá para el día que se asiente el polvo...)

6 comentarios:

Meuge Sandín dijo...

muy linso....muy poetico....

Selva Bianchi dijo...

Entre las notas de mis libretas copié esta de "El jardín de los senderos que se bifurcan" que dice: "-En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez ¿cuál es la única palabra prohibida? Reflexioné un momento y repuse: -La palabra ajedrez".
Tu cuento es hermoso no sólo por lo que dice sino por todo lo que se esconde debajo del polvo.
Gracias

A.S dijo...

Selva, el polvo que se acumula es el peor, muy parecido al agua que se le va calentando a la rana que está dentro de la olla.
Quizá esto del escribir (y del leer) sea desempolvarse.

Patricia dijo...

Excelente cuento...Polvo, niebla, humo, nada de esto permite ver y el reflejo del espejo no deja de ser virtual.
Gran desafío para la ilustradora...

A.S dijo...

es así Patricia, un desafío desasosegante...

toditas y toditos dijo...

Gracias Claudio.